domingo, 23 de abril de 2017

Lobo solitario.

El pálido techo se cierne sobre los carmesís hilos, las dulces notas resuenan dentro del infinito. El tiempo parece haber parado su camino, la cristalina agua corretea por la suave piel. La sombra se agolpa en el piso, digiere todo aquello que toca su frescor. El aroma de las flores todavía puede olerse, pero ya no hay sentido que acapare su carga. Las paredes alcanzan el límite, unen dos realidades llenas de subjetividad. Las vendas están empapadas de oro líquido, espesan su masa pegadas a un ser proscrito.
El mortecino cuerpo que cuelga se balancea ante la falta de corriente. El cuello está amoratado, al igual que los labios. Los ojos están abiertos; llenos de vida e ilusión hacen que las livianas gotitas desvanezcan. Los brazos están encadenados con la pérfida verdad, entroncan cada minuto que el núcleo reluce. Los cabellos son albos, aunque de ellos se desprende una gran oscuridad pasada. Los dedos todavía mueven sus nervios, intentan alcanzar algo que quizá no comprenden.
Empatizo con la determinación, con las ganas de seguir hacia delante; mas no consigo entender cuál es el objetivo una vez sabe que todo ha acabado. Lo miro desde el suelo, mis cuencas relucen y mis dientes rechinan. Los sentidos que me componen están a flor de piel. Suelto un alarido que hace retumbar, no consigo alterar su alma ni un ápice. No tiene miedo, no presenta cobardía en su origen, sólo reclama aquello que es suyo.
Sus labios se mueven, intentan hacerme llegar un mensaje. Él está demasiado lejos, mi oído no es tan fino como quiero aparentar. No consigo entenderle, maldigo la vejez que reside en mis rotos huesos. Sus dedos se mueven de una manera extraña, el hierro del suelo se solidifica y crea un montículo que lleva hasta su área.
Cuando llego hasta él, me pide que acerque las orejas a su susurro. No temo ni desconfío, parece demasiado puto como para hilar una mentira.
Tú, lobo solitario, que vagas sin rumbo por la inmensidad de mi ser a tus anchas. Tú, lobo solitario, que dejas que las lágrimas caigan cada noche sin hacer nada para cambiarlo. Tú, lobo solitario, aquél que se alimenta de la desgracia.
Maldigo tu vista, para que nunca más puedas observar el paraíso.
Maldigo tu olfato, para que nunca más puedas orientarte en el paraíso.
Maldigo tu oído, para que nunca más puedas atender a la armonía del paraíso.
Maldigo tu gusto, para que nunca más puedas disfrutar de la esencia del paraíso.
Maldigo tu tacto, para que nunca más puedas acariciar las pulsiones del paraíso.
El núcleo que hace fluir tu existencia podrá seguir, pero jamás podrá parar. No sentirás cansancio, no sentirás frío, no sentirás miedo, no sentirás pasión… No sentirás nada. Prohíbo a la felicidad atravesar tu corazón, prohíbo a la tristeza abandonar tu carcasa.
Ahora ve, huye con el rabo entre las piernas a tu guarida. El trono que guardabas se ha roto, la corona ha pasado a mi poder. Espero encuentres el camino que nunca quisiste perder.

Y con ello se disipó.  

jueves, 30 de marzo de 2017

Farewell.

Te deseo, pero no puedo tocarte. Mis brazos tratan de llegar hasta ti, no alcanzan tu cuerpo. Estás demasiado lejos de mí. Se siente como si entre nosotros sólo hubiese extrañeza, timidez y falsas sonrisas.
Jamás podré cumplir tus deseos, no soy nada. Ni siquiera soy y, aun así, mis sentimientos arden en mi interior como el fuego. Las lágrimas caen por mis coloradas mejillas. Están llenas de tristeza, dolor y menosprecio. Me las merezco, eso ya lo sé. Simplemente me cuesta ver esta verdad.
Te deseo, pero no quiero ofenderte. Mis torpes dedos tratan de pasarse por tu delicada piel, nada excepto vacío sienten. Tiemblan llenos de miedo, temen molestar tu tranquilidad; sobrepasar el límite y rasgar la confianza.
Anhelo posar mi cabeza sobre tu pecho, escuchar el dulce fluir de tu núcleo. Anhelo las caricias, el roce y el abrazo. Sentir el calor de tus brazos alrededor de mi pequeño cuerpo. Sentir cómo me completas. Quiero el susurro de tus labios en mi oído mientras me estremezco. Quiero la quietud de tu ser sobre mí.
En los albores estimo ver tu pausada vida, abrir mis ojos y aceptar que estás allí de verdad. Notar la ralentización del tiempo a nuestro alrededor, pedir al universo que pare el crecimiento. Despertar y elevarte hasta la vigilia. Acercar nuestros rostros, dejar que la intuición haga el resto.
Las pesadillas paralizan mis noches. Los ataques me golpean hasta en lo onírico. Caigo al suelo, mis rodillas crujen. Mis manos vuelan hasta mi pecho, aprietan tratando de dar finitud a algo sobre lo que no tienen control. Sin embargo, tú siempre estás ahí para mitigar el infierno. Y eso es lo que más me mata.
Te deseo, pero te prometo que esto terminará. Te prometo que destruiré estos sentimientos. La vergüenza me llena. Lo siento, demasiado. Realmente siento haberme enamorado de ti. Sabía que no tenía derecho alguno, esto es consecuencia de mi error. Perdona a mi alma, la mantendré suspendida. No te molestará nunca más.
¿Ves? Ya se ha ido. Ahora soy una muñeca vacía sin emociones en su mirada que intenta dar sentido a algo que jamás lo tuvo. Mis últimos momentos acaban de llegar, los hilos ya han sido cortados.
Farewell, my lost one.
Farewell, my dear one.
Farewell, my loved one.

Realmente eres aquello que más deseaba.  

miércoles, 15 de marzo de 2017

Negación.

La incertidumbre me abruma. Mi núcleo está inundado de sentimientos sin valor, no sabe qué hacer con ellos. Intenta darles un sentido, pero está cansado de brindarles esperanza. La aplastante realidad gobierna, la subjetividad cae por su propio peso; al igual que las lágrimas.
¿De qué me sirve sentir todo esto si jamás podrá ser compartido?
La suposición se dispara y mi mente crea un sinfín de excusas. Todas se resumen a una. Ella es dolorosa, difícil de encajar, pero tajante en su resolución. Una verdad angustiosa, todo en mi ser se une para rechazarla. Sin embargo, no puedo, simplemente no puedo negarla. Si lo hiciera estaría huyendo de mi destino.
No nací para amar, mis emociones son insuficientes. Nadie querría para sí un núcleo roto ni un corazón que sólo sirve para bombear sangre podrida. A veces pienso que estoy vacía por dentro, que lo que siento es sólo una mera ilusión. La confusión se encuentra agolpada, me paraliza y me impide ver el paraíso que tengo ante los ojos.
Si quisiera que todo esto acabase, únicamente tendría que alzar mi voz. Por defecto me contengo a la actuación, estoy más cómoda en las tinieblas; o al menos eso es lo que ella me ha hecho creer. Su voz se alimenta de la mínima felicidad que chisporrotea. Consume mi alma, corrompe mis pensamientos y agota mi fuerza. La vida que me ha tocado hilar no tiene punto final, es un amasijo de alaridos a un cielo inexistente.
No nací para ser amada, mi naturaleza es espantosa. Nunca fui otorgada el derecho y mi mayor error fue pensar que sí. La falta siempre es mía, el instinto gira hacia el lado de la desgracia y acierta. Soy yo la que cae en los espejismos que me impongo, ciño a un plan sin base los pasos del tiempo. Cuando descubro aquello que la venda de mi razón no quiere que reconozca, caigo en la desesperación y el ciclo vicioso vuelve a cero.
Anhelo poder destruir estos sentimientos, poder librarme de una carga que nada me aporta. Lo he intentado de una y mil maneras, pero ninguna ha logrado dominar. Cada vez que pruebo el dolor y la culpa se acentúan.
¿Qué es lo que debo hacer?
Las noches cada vez son más largas, pues me niego el reposo. Los ataques explotan. No vienen de improvisto, soy yo la que los provoca. Intento enseñarme una lección que ni siquiera entiendo, pero sé que me merezco. Mi cabeza da vueltas a cada segundo que graba, quema su energía y exaspera mi paciencia.

Realmente quiero que ella desaparezca. 

domingo, 26 de febrero de 2017

Equinoccio.

Mis pies apenas rozan el suelo. Se siente frío y de cristal. La luz a mi alrededor es muy brillante, parece un túnel que nunca acaba. Llevo andando horas, tal vez días o semanas. El tiempo ha dejado de ser una preocupación, el fluir ha quedado roto. Mi mente está confusa, nada de lo que antes viví recuerdo. Cada vez que intento evocar una de mis memorias me bloqueo.
¿Hacia dónde estoy yendo?
¿Quién soy en realidad?
Mi cuerpo tiembla de frío. Mis labios están amoratados y mi piel tornó pálida. Cuento mis venas vacías, siento el latido de un corazón lleno de hastío. La respiración se me hace pesada y escasa, mis pulmones no dejan que el aire purifique. Mi cascarón está extenuado, los miembros caen ya entumecidos. Anhelo poder alcanzar mi destino.
Toso, mi garganta se contrae. Noto un líquido abrasador recorrer mi interior. De mi boca sólo parece exteriorizarse la oscuridad y la inmundicia. La inquietud me oprime el pecho. Las espesas lágrimas deslizan su frescor por mis sombrías mejillas. No esperan ser recogidas, se desploman en el olvido.
El desconocimiento me aterra, mas la curiosidad me mantiene con los ojos abiertos. Reconozco mis crímenes, no entiendo tal prueba a la que se me somete. El descanso se me tiene vetado, la eternidad no me aguarda al otro lado. Hilvano los recovecos de mi existencia con una aguja desgastada y sin punta, el hilo se desmenuza. Las cenizas que quedaban se volatilizaron, no queda espacio para la reencarnación. Desapareció el sentimiento de culpa y, por ello…
¿Por qué sigo perdido en esta niebla?
Paso. Paso. Caída. Dolor.
Mil agujas cruzan mis rodillas y un grito desesperado amenaza con alzarse. Algo me empuja a levantarme. No es determinación, tampoco valentía; simplemente es una chispa autómata. Siento como si un sinfín de hebras estuvieran moviendo la solidez de mi cuerpo.
Quiero acabar con todo este juego maldito sin reglas.
Llego a una vasta sala. Allí no hay horizonte ni brillantez, sólo una luz neutra que ilumina vagamente. Mis ojos van quedando ciegos, ven con subjetividad y tapan aquello que ataca a mi inocencia. Un río suena acompañando el zumbido de mis oídos, la humedad cala en mis quebrados huesos.
Mis pies tocan plenamente el suelo. Ya no se siente frío ni cristalino. Miro hacia abajo y las piezas encajan solas. La Flor del Equinoccio cubre con su color carmesí, asemeja demasiado al oro rojo que una vez recorrió mi ser.
La leyenda cuenta que la esencia de esta flor trae los recuerdos más hermosos de tu vida justo antes de morir. Percibo el aroma, pero ello no despierta en mi nada.
¿Por qué estoy viendo belleza en la muerte en vez de en la vida?
Mis recuerdos no volverán. Debo atravesar el Río del Olvido, la angustia termina aquí. 
Mientras camino por las frías aguas voy desvaneciéndome. Me quemo, pero no hay fuego. Todo lo que fui, soy o pude ser torna en humo. Alzo mi mano intentando atrapar la salvación, los párpados caen y mis ojos descubren la verdadera soledad por primera vez.

domingo, 19 de febrero de 2017

Eternamente.

Una vez me preguntó que a quién pertenecía mi corazón y yo no supe muy bien qué contestarle. La respuesta que anhelaba distaba de la que yo seguramente tenía en aquel momento. No entendía lo que era el amor, no entendía muy bien cómo debía de funcionar. Me preguntó de una manera muy clara y directa, sin dar rodeos. No había tiempo que perder, todo corría en contra de nuestras esperanzas. Cuando de su boca nacieron esas palabras, no fui ágil en entendimiento. Que él, de entre todos ellos, quisiese alcanzar el saber, me resultaba tan extraño como la alegría en mi día.
La solución terminó viniéndome a la mente: ‘’Mi corazón me pertenece, eso es algo que no alberga discusión alguna…’’; y así es cómo se lo dije. Pertenecer es una idea tan bella, pero a la vez tan mortífera dependiendo del significado que le guardes en tu esquema. Los humanos no somos objetos, y mucho menos nuestros sentimientos.
La frase seguía su curso y terminó así ‘’…mas no me importaría compartir los sentimientos que allí residen con quien los ha originado’’. Después, listo él, alzó una nueva incógnita. Quiso saber quién era aquél que los había originado. Se atrevió a pronunciarlo y dejó a mi pensamiento de nuevo sin resolución. Fue una pregunta semejante a la pasada, sus ansias de saber iban a darle un conocimiento para el cual su sentir no estaba preparado. O al menos eso es lo que yo creía.
‘’No, no hables, calla. Cierra tus labios y deja descansar a tu razonamiento. Deja que la melodía de mi voz entre a tu ser y more en las tinieblas. ‘’
Expresado esto le miré a los ojos, raro, no solía darme ese placer. Tenía los ojos pardos y sentí que algo me atrapaba. Pasé mis delicados dedos por sus finos rasgos y memoricé con cautela todas sus imperfecciones. Respiré profundamente y su esencia inundó toda mi existencia. Realmente lo encontré bello.
Ya no había vuelta atrás, la suerte estaba echada.
Conocía las palabras que complementaban su última curiosidad. Sin embargo, no quise darle la satisfacción tan rápido. Le propuse una lógica que no pudo replicar:
‘’Nadie puede ganar algo sin dar nada a cambio. Para obtener aquello que se desea, se debe perder algo del mismo valor. ‘’
Se acercó lentamente a mí y se inclinó. Noté su respiración sobre mis labios y mis latidos comenzaron a bailar al ritmo de la desesperación. Miró directamente en mi alma y en ese momento comprendimos. Susurró a mi oído suaves palabras que me reconfortaron. El valor se equipó en su decisión y esperó paciente la recompensa ante tan dura prueba.
Allí estaba yo, mis sentimientos abiertos de par en par y un dolor que se iba disipando conforme los segundos se iban agotando. Dejé que me desnudara y explorara donde nadie nunca había querido. Sus caricias se sentían cálidas y me hicieron explotar en un sin fin de lágrimas cargadas de alivio y calma. Nuestros cuerpos yacieron juntos en la misma superficie oscura, ya no quedaba más en la lista que la vigilia.
Sellamos aquella noche con el fino roce de nuestros atormentaos y cansados labios. El Sol se veía ya en el horizonte, se alzaba triunfante ante una noche de tormenta que parecía nunca acabar; y ojalá nunca hubiese acabado. Se veía hermoso, pero no se podía comparar con la sonrisa que siempre crea cuando la felicidad baña toda su naturaleza.
Dormía plácidamente sobre mi pecho y yo le acariciaba el pelo. Su respiración era pausada y tranquila. Ahora era mi momento de susurrar:
‘’No te preocupes, mi querido ser incompleto, cuidaremos de nuestros corazones para que puedan encontrar el camino eternamente. Se acabaron las noches en vela gritándole a un amasijo de cristales rotos. ’’ 

domingo, 5 de febrero de 2017

Retorcido.

Encima de una montaña de calaveras ella tiende su cuerpo. Cráneos deteriorados e intactos. El hierro del oro líquido todavía puede olerse. Es una esencia fuerte y nauseabunda, pero su sentido la siente agradable y cautivante. La escena colma la cordura del más sensato, pues hay tanto hueso que ni siquiera la vista alcanza a ver el final del horizonte.
Los nombres han caído en el vacío del olvido, mas ella recuerda la expresión de miedo de cada uno de los rostros. Los gritos desde lo más profundo de sus gargantas resuenan, música delirante para una eternidad de melancolía. El temblor de los cuerpos y las últimas fuerzas banales impulsadas desde la existencia. Todo ello crea la mayor de las bellas escenas.
‘’Cesaré todo el sufrimiento y te arrastraré a las tinieblas. ’’
El instinto de supervivencia sigue activado, su apetito es insaciable. El núcleo rompe con su latido, la cacería persiste. Pequeñas notas escapan de sus labios, ritmo que se pierde al no encontrar armonía dentro de su razón. La emoción penetra en sus poros y satura las ansias de dar finitud, dilata sus pupilas y las torna carmesís.
La figura que la envuelve compone la encarnación del mal. En sus delicadas manos sostiene las páginas encuadernadas de una historia remota. Los cabellos se deslizan a través de las calaveras, se funden en un cuadro sublime. Serena es su expresión, pausada la respiración. Morfeo mantiene entre sus brazos el inconsciente bajo un cielo lleno de bramidos.
Gotita, gotita, gotita,…
Pequeñas gotitas de sangre caen hasta que se vuelven goterones. La simpleza de las calaveras se pierde, quedando sumergidas en un océano de humor. Ella dormita aún, dejando mecer su cuerpo al son de la vida como si fuera un barco a la deriva. El lago se convierte en mar, y el mar en océano; la criatura es ahogada.
El dolor se extiende por todo su cuerpo como si fuera ponzoña pura. Sus sentidos se apagan y el sentido se esfuma. La memoria falla, al igual que sus miembros. La respiración queda cortada, la tráquea está obstruida por los coágulos de sangre formados.
Es imposible la reversión cuando la abrasión ya ha dado comienzo. El rechazo es inmediato, pero el sistema está corrupto. Los fallos se repiten y las conexiones se han roto.
Dolor. Dolor. Dolor.
¿Es esto realmente lo que está sintiendo?
Placer.
Es placer.
¿Por qué siente placer?

La mente se libera del sueño maldito. El cuerpo reacciona con pausa y emerge renacido. Ante sus ojos se muestra el acto que lleva tanto tiempo esperando, el mundo se ha sumido bajo su desesperación y yugo. Una sonrisa ilumina su ánimo y las carcajadas huecas retumban. La divinidad se ha introducido y ocupa ahora su control.
‘’Dime, pues, dime, ¿no mereció la pena dejar a la destrucción perforar el cascarón de la realidad?’’


domingo, 8 de enero de 2017

Pájaro enjaulado.

Canta ya el pájaro encerrado en su jaula. Melodía de libertad se escucha, pues sabe que está atrapado para siempre en una pesadilla de nunca acabar. El tono se siente desesperado, lleno de melancolía y pena. El mayor de sus deseos se le tiene prohibido, las cadenas le mantienen encadenado a un destino inmerecido.
Las alas le caen entumecidas, desteñidas y rotas. Batir nunca pudieron, el honor a su causa quedó abandonado. Las plumas están viejas y descuidadas, el vigor ya hace tiempo se esfumó. Los ojos miran sin expresión, perdieron la brillante esperanza que los definía. Se extinguió juntó con la revelación de la realidad.
Nació lleno de ilusión, la energía de vivir recorrió su cuerpo desde el primer llanto que proclamó al cielo. Trató de luchar contra su condición, mil y una veces, pero siempre fue en vano. Quebró su pico, su ánimo y su ser.
‘’ ¿Por qué es que debemos pagar por los crímenes de otros?’’
Soledad, penuria y tiranía… Consecuencias de una maldición impuesta por arrogancia. Le arranca las entrañas y devora todo a su paso, las fuerzas para seguir se han mermado; ya sólo quedan las cenizas frías. Incluso él mismo se ha abandonado. Sobre sus huesos carga la promesa vacía entonada por sangre ponzoñosa. Palabras fingidas para mantenerlo bajo su mando. Sabe bien aquel demonio que le arrebató la bendición del privilegio.
Acaba ya el pájaro su melodía de libertad abruptamente. Ante la pureza de sus ojos se descubre la mayor de sus sorpresas. Los barrotes de la cárcel han sido abiertos delicadamente. Su cuerpo sigue esclavizado, duda en salir y reclamar su voluntad. Se siente como una trampa.
Como una chispa su esperanza vuelve.
Tantos años encerrado le han nublado la razón. No discierne entre lo verdadero y lo falso. Esa es su perdición, creer que su amo le ha dado liberación cuando sólo lo reclama por su utilidad.
Sus alas batieron por primera y última vez, desplegando toda su sublimidad. El vuelo fue corto, reafirmó su condición. Nada de valor hubo en su causa, la sentencia estaba clara.
No podemos cambiar nuestro destino, por mucho que lo deseemos y lo intentemos. No podemos escapar de aquello que se nos ha sido encomendado. Cuando uno nade siendo un desgraciado, vivirá su vida hasta el final llena de desgracias.
Así es como debe ser, el equilibrio no debe de resquebrajarse.

‘’Dijiste que tu destino no podía ser predicho por nadie, pero estabas totalmente equivocado. Atiende al final de tu camino, necio. El destino es algo que se determina justo en el momento de nuestro nacimiento, y no podemos huir de él. Debemos vivir con esa carga hasta el final de nuestra patética y sin razón vida.
No hubiese sido tan difícil aguantar en silencio, ¿verdad?’’

domingo, 1 de enero de 2017

Experimento.

El minutero se adelantaba en un reloj roto. Las palabras que salían de su boca se sentían vacías y sin vida, nadie parecía creérselas. Intentó chillar, intentó ser escuchado una vez más. Los rostros sin expresión dejaron de mirarle y le dieron la espalda. Se encontraba dentro de un círculo de desesperación, un círculo lleno de vicio del que no podía escapar. Las velas se consumieron del todo, la luz cesó.
‘’Tic, tic, tic…’’
Un sonidito se escuchaba a lo lejos, pero su sentido estaba tan deteriorado que tan sólo lo sintió en el corazón. Había sido un eco gélido, cristalino. Como si alguien quisiese advertirle de la tormenta.
El calor comenzó a invadirlo todo, costaba respirar. Sus pulmones se sentían pesados y se llevó la mano al pecho. La tos salió de su ser, esperando así dar desahogo a la agonía interna. Cayendo de bruces contra el suelo marmóreo nada de dolor resonó.
Los cuerpos a su alrededor se fueron disipando mientras él recomponía su entereza. Con ellos en un punto indeterminado, pensó que quizá podría recuperar su libertad. Se equivocaba. Nada quedaba por hacer. Sin embargo, la ilusión no murió; moró en su esperanza y se fusionó con su determinación. Realmente no sabía cómo pararlo.
‘’Soy digno... ’’
‘’Soy digno de la felicidad que anhelo. ’’
‘’ ¿Realmente merezco pasar por todo este calvario?’’
Mientras su cabeza daba vueltas, se cuestionó las razones de su existencia. Nacido del hielo y la pureza, jamás había podido acariciar el cariño. No tenía padres, simplemente despertó un día mirando directamente al abismo. Desde entonces, unas cadenas se habían adueñado de sus miembros y no le permitían correr.
‘’Dime pues, oh, dime, ¿qué es lo que debo hacer para liberarme?’’
El flujo de su conciencia no paraba en un punto fijo. Parecía que pensaba en mil cosas a la vez, mas no conseguía una respuesta clara para ninguna de sus preguntas. Reflexionaba, reflexionaba; no tenía sentido alguno.
Mientras, el muchacho seguía andando a lo largo. De pronto, la luz volvió. Las velas se encendieron. Soltó un aullido seco, un rostro se encontraba justo delante de sus ojos. Le miraba con recelo y malicia. El núcleo latía cada vez más rápido, el temor le invadió.
‘’He escuchado tus plegarias, dear. Ahora toma tu premio y desaparece. Ya no nos eres útil. ’’