domingo, 15 de mayo de 2016

Ensueño.

Tuve un sueño, un plácido sueño en el que todo parecía hecho a mi medida. En él, había un fracaso de Dios, un Dios que me amaba con el fervor de un millón de estrellas.
Aquél a quien nombré como mi amante me tocó el corazón y miró directamente a mis ojos. Se acercó grácilmente a mi oído y, susurrándome palabras banales que cayeron al abismo del olvido una vez pronunciadas, le hice desvanecerse. No sentí pena ni remordimientos, realmente no sabía cómo amar.
‘’Qué Dios tan estúpido’’, pensé.
Volvió, y su rostro reflejaba cólera, pero, al verme, comenzó a reírse sin control alguno. Agarró mi garganta con sus delicadas manos y apretó. Cortó mi aire, no mi vida.
Siempre es así, aquellos que son insensibles al dolor disfrutan haciéndome daño. Estoy acostumbrado a ello, no temo por todos los iguales que están por venir. Anhelo su visita, dejo que penetren en mi alma y se alimenten de mis desgracias.
Siento mi respiración calmada y el latido regular de mi corazón. Una luz tenue entra por un lugar incierto y baña todo mi ser. Ya he tenido suficiente soñar. Me siento sobre la cama y aparto el pálido cabello de mi rostro. No me siento vacío, mas no puedo poner en palabras lo que estoy sintiendo en este momento.

¿Quería simplemente ser amado?

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